El compromiso asumido por los países desarrollados de movilizar, en consecuencia, US$100 mil millones anuales a 2025 no sólo no se ha cumplido aún, sino que tampoco ha tenido en estos primeros días de conferencia muestras de avances contundentes para llegar a una señal que reconstruya la confianza entre unos y otros países— Foto: Amira Grotendiek

Financiamiento climático: el tema que todos discuten, las desigualdades que muchos olvidan

Financiamiento climático: el tema que todos discuten, las desigualdades que muchos olvidan

Aún con el protagonismo del tema en las negociaciones en los últimos años persisten múltiples inequidades que exigen acciones inmediatas

Reportaje: Por Tais Gadea Lara

04 de diciembre de 2023

Este artículo es parte de Comunidad Planeta, un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América Latina, del que La Data Cuenta forma parte.

Desde el jueves pasado en el que llegué a Dubái, Emiratos Árabes Unidos, cada vez que alguien me pregunta “qué tema estás cubriendo” y respondo “financiamiento”, automáticamente dicen sorprendidos: “ah, o sea, todos”. En parte tienen razón. Es que en el inmenso predio de la conferencia climática COP28 en la ciudad árabe con un otoño de 30°C que se sienten como 40°C, el financiamiento está de forma más o menos directa en todos los temas.

Aún con el protagonismo creciente que le ha valido en los últimos años, lo que la discusión sobre el financiamiento evidencia son múltiples desigualdades que exigen acción a la par. Repasemos algunas de ellas.

Desigualdades entre países

El principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas es una respuesta inevitable al hecho de que no todos los países han contribuido al problema del cambio climático y por el cual algunos -los desarrollados- deben ayudar a otros -los en desarrollo- para que puedan implementar sus políticas climáticas.

El compromiso asumido por los países desarrollados de movilizar, en consecuencia, US$100 mil millones anuales a 2025 no sólo no se ha cumplido aún, sino que tampoco ha tenido en estos primeros días de conferencia muestras de avances contundentes para llegar a una señal que reconstruya la confianza entre unos y otros países.

La economista Mariana Mazzucato enfatizó, durante un evento en la cumbre, que urge resolver la brecha de financiamiento existente en todos los frentes de la acción climática: “El costo de la inacción es mucho mayor que el costo de la acción. Sabemos bien eso. Lo sabemos, pero no hacemos nada al respecto”. La acción debe, para la profesora del University College London, ir acompañada de una transformación de la arquitectura financiera internacional, tema que sí ha estado presente en discursos, eventos y reclamos como un gran paso necesario para ayudar a los países en desarrollo a aliviar sus deudas financieras a la par que a avanzar con la acción climática.

El secretario general de Naciones Unidas, Antònio Guterres, fue contundente en la apertura de la conferencia al considerar el problema del financiamiento como de justicia: “La justicia climática está muy retrasada. Los países en desarrollo están siendo devastados por desastres que ellos no causaron. Los costos de endeudamiento exorbitantes están bloqueando sus planes de acción climática. Y el apoyo llega demasiado poco y demasiado tarde”.

El proceso de financiamiento climático tiene mucho aún por hacer en materia de integrar una real y ambiciosa perspectiva/lente de género desde su diseño a su implementación Crédito:KiaraWorth

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Desigualdades de enfoques

“Por cada dólar que invertimos que invertimos ahora en adaptación y resiliencia, evitamos siete dólares en daños”, compartió hoy la primera ministra de Barbados Mia Mottley, pero automáticamente enunció: “La pérdida de vidas es algo que nadie nos puede devolver.

Mottley ha sido una de las mujeres que más ha defendido esa mencionada necesaria transformación de la arquitectura financiera internacional y el fondo para pérdidas y daños que se estableció a fines del 2022. Ahora, ante los exagerados eufóricos anuncios de algunos países en colocar dinero a ese fondo, recuerda que aún se ha acumulado menos de un mil millones de dólares. En ese sentido enfatiza que la cuestión del financiamiento no debe y no puede ser sólo una cuestión cuantitativa (de cifras), sino también cualitativa. Cómo hacer para que el financiamiento llegue a territorio lo antes posible, cómo destrabar los obstáculos de un sistema hiper burocrático para acceder a ayuda económica ante el cual algunos países ni siquiera cuentan con los recursos para responder.

Desigualdades de género

Según compila Naciones Unidas, las mujeres producen entre el 45% y el 80% del suministro mundial de alimentos y asumen la mayor parte de la responsabilidad de abastecer de alimentos, agua y combustible a sus familias. Sin embargo, y a pesar de ellos, poseen menos del 10% de la oferta mundial de tierras.

La antropóloga especialista en género Fabiana Menna ha explicado que, “si las mujeres no son dueñas de la tierra, no tienen acceso al crédito, no tienen cuenta bancaria, no son titulares de su propia empresa, no pueden tomar decisiones respecto a sus recursos, tienen menos acceso, en algunos países, a formación, a nivel educativo; es decir, enfrentan barreras de desigualdad que inciden también en cómo el cambio climático les afectará más”.

El proceso de financiamiento climático tiene mucho aún por hacer en materia de integrar una real y ambiciosa perspectiva/lente de género desde su diseño a su implementación. Un reporte de OXFAM muestra que sólo un 2,9% del financiamiento del desarrollo vinculado con el clima ha identificado la igualdad de género como un objetivo principal.

Para que haya un cambio en ese proceso, el interrogante es si ello también debe tener cambios entre quienes participan en la toma de decisiones. Cecilia Nicolini, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático, no tiene dudas: “Estoy convencida de que las mujeres somos mejores negociadoras que los hombres, simplemente porque en una negociación buscamos sobre todo la creación de valor, es decir, que las diferentes partes se sienten en la mesa y que todos podamos salir con alguna ganancia y un resultado positivo. Mientras que, en general, los hombres buscan la rentabilidad y el ganar absolutamente todo. Y ahí se pierde mucho. En una situación tan compleja de transición, de crisis global en donde enfrentar el cambio climático requiere hablar con absolutamente todos los sectores, las mujeres son personas indispensables en estas negociaciones”.

En la COP27 del año pasado, el equilibrio -o desequilibrio- de género en todas las delegaciones de los gobiernos fue 63% masculino y 37% femenino. Una diferencia que muestra mejoras respecto de los años anteriores, pero que aún queda lejos de la paridad necesaria. “Las negociaciones vienen muy lentas y realmente no estamos alcanzando los objetivos que nos hemos propuesto año a año, COP tras COP. Deberíamos ver qué tal nos va si alcanzamos la paridad de mujeres en delegaciones y que el 50% de las delegaciones estén encabezadas por mujeres”, propone Nicolini.

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