Cien años más de desigualdad

La brecha de género se estancó en 2018 y tomará un siglo cerrarla, según el Foro Económico Mundial

Por Hassel Fallas

Periodista basada en análisis y visualización de datos
8 de marzo de 2019

Las mujeres persisten en desventaja en un mundo que sigue girando sin paridad de oportunidades entre géneros. Ellas reciben menos del 70% de todo lo que los hombres consiguen en la suma de salarios, acceso a puestos de decisión política, salud y educación. Nada cambió en términos globales entre 2017 y 2018 y tomará 108 años eliminar ese abismo, según el último Informe Brecha Global de Género, del Foro Económico Global.

De 142 naciones analizadas en el reporte, hay 21 que lideran el cambio, pero todavía les queda por eliminar hasta un 25% de inequidad. El siguiente gráfico muestra en color verde a esas naciones donde la igualdad va en camino -entre 75% y 86%- . En celeste, se destacan aquellas donde el indicador está a medio camino , todavía no llega a 75%, pero supera el 70%. Finalmente, en rojo, figuran las de baja igualdad, las que están por debajo del 70%. Use el filtro categoría para ver la distribución de los datos por segmentos.

Yemen, en oriente medio, es donde las mujeres tienen menos oportunidades, reciben menos del 50% de lo que consiguen los varones. La guerra civil generó más pobreza y violencia contra ellas.

Islandia, la isla europea de 350.000 habitantes ha liderado, por 9 años consecutivos, los esfuerzos por la paridad de género en el mundo. Todavía le resta cerrar en un 14% la brecha.

Un abismo de diferencia. Tal y como muestra este gráfico, en el extremo más alto del avance hacia la igualdad están Islandia (85.8% de la brecha cerrada) y Noruega (83.5%). Por el contrario, en lo más bajo destacan Yemen (49.9%) y Pakistán (55%). ¿En qué se diferencian estos países?

En Islandia, por ejemplo, se exigió, por ley, que el sector público y privado demuestre paridad en salarios. También hay servicios de cuido infantil eficientes y los padres tienen hasta 3 meses de licencia para cuidar a sus hijos, entre otras medidas.

En Yemen, la opresión para las mujeres se exacerbó después de la guerra civil (2015). La pobreza, la explotación sexual, el matrimonio infantil y la violencia destruyen las oportunidades de una mejor vida por medio de la educación y la salud.

No siempre los pequeños progresos para cerrar la inequidad de género se mantienen de un año a otro. Eso ocurrió en 36 países que, en alguna medida, bajaron su indicador el año pasado. Los casos más relevantes son Tayikistán, en Asia (-4 puntos), Belice en América Central (-3), Eslovenia (en Europa) y la propia Islandia, con -2 puntos cada una. En el caso de Islandia la caída se debe a que su índice de acceso de las mujeres a puestos políticos de decisión pasó de 75% a 67% el año pasado.

En el gráfico puede notar en rojo a las naciones que empeoraron, en mayor o menor medida, su ruta a la equidad. En verde a aquellas que mejoraron y en gris las que se mantuvieron iguales.

¿Y Latinoamérica? La región en conjunto con algunas naciones del Caribe están 1.75 puntos por arriba de la media global. El desbalance entre oportunidades para hombre y mujeres se ha cerrado en 71.85%. Sin embargo, al examinar los datos país por país, se acentúa la baja igualdad de Belice y Guatemala, tal y como se aprecia en este gráfico.

Acercamiento. En esta sección puede indagar en los avances y tropiezos de los países latinoamericanos en equidad de ingresos, de poder político, salud y educación. Por ejemplo, garantizar una retribución económica igualitaria es vital para permitir el progreso de las mujeres, reducir la pobreza e impactar positivamente la economía de cada país.

Por otro lado, en el ideal, garantizar la paridad de género en puestos de decisión es clave para propiciar políticas públicas inclusivas y romper la discriminación. En ambos indicadores es arduo el trabajo que se tiene por delante para garantizar los derechos de las mujeres.

Finalmente, estos dos gráficos evidencian las “pequeñas diferencias” que en términos numéricos todavía subsisten para dar acceso a educación y salud que equiparen las condiciones de vida de las mujeres a las ofrecidas a los hombres. 

Esas pequeñas brechas son grandes en términos del impacto que pueden tener en la vida de miles de niñas, adolescentes y mujeres en el futuro de la región.

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