Las visiones de Costa Rica que se disputan la elección presidencial

Una lectura de las tensiones, expectativas y desacuerdos que atraviesan el debate público

Por Hassel Fallas

En las últimas semanas he estado más pendiente de lo habitual de las redes sociales, en especial de Facebook, como parte de un ejercicio personal para informarme mejor antes de tomar una decisión de voto. No con la intención de juzgar ni de confirmar ideas preconcebidas, sino de observar con atención qué moviliza a quienes apoyan determinadas propuestas políticas y qué inquieta a quienes las adversan.

Como parte de ese proceso, he seguido páginas de candidaturas en redes sociales, visto mensajes y videos, y prestado atención a los comentarios y reacciones que generan. No se trata de un análisis estadístico ni pretende representar al electorado en su conjunto. Es, más bien, una forma de escuchar cómo se expresan ciertas preocupaciones, expectativas y desacuerdos en la conversación pública.

Lo que surge de esa observación es que, más allá de consignas o ataques personales, en las redes se están confrontando distintas ideas de país. A veces aparecen de forma explícita; otras, se filtran entre líneas, en lo que se celebra y en lo que se rechaza.

Una de las tensiones más evidentes es la que se da entre la demanda de orden y decisión, y la defensa de límites al poder y de la deliberación democrática. Para algunas personas, el país necesita autoridad clara, capacidad de mando y respuestas rápidas frente a problemas que se perciben como urgentes. Para otras, el principal riesgo es que, en nombre de esa exigencia, se debiliten los controles, el debate y las garantías que sostienen la democracia

Metodología: Esta herramienta se construyó a partir del análisis de una muestra de comentarios publicados en Facebook durante los cuatro debates presidenciales organizados por el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica entre el 9 y el 12 de enero de 2026. Con base en esta muestra, se realizó un análisis interpretativo para sintetizar las percepciones dominantes sobre cada uno de los seis candidatos con mayor volumen de conversación, traduciendo los resultados cuantitativos en interpretaciones narrativas que permiten identificar tensiones, aspiraciones y temores, así como las representaciones del país asociadas a cada posible liderazgo. El resultado no describe propuestas formales, sino el espacio simbólico, las expectativas y los miedos que cada candidatura activa en el imaginario colectivo de las redes sociales.

Otra línea de contraste recorre el papel del Estado y del mercado. Hay discursos que ponen el acento en la protección social, la reducción de desigualdades y un Estado activo como garante de derechos. En paralelo, se expresan visiones que priorizan la apertura económica, la iniciativa privada y la eficiencia como condiciones para el crecimiento y la generación de oportunidades. Ambas perspectivas reconocen desafíos reales, pero proponen caminos distintos y asumen riesgos diferentes.

También aparece con fuerza la discusión entre continuidad y cambio. Algunas voces confían en la institucionalidad, la experiencia acumulada y las reformas graduales; otras sienten que ese enfoque ya no responde al malestar existente y reclaman transformaciones más visibles. En el fondo, no se trata solo de propuestas, sino de cómo se evalúa el presente y de cuánta paciencia —o impaciencia— hay frente a los resultados.

Vistas en conjunto, estas tensiones no son incompatibles por definición. Incluso en los intercambios más duros se repiten ciertas coincidencias: preocupación por la desigualdad, cansancio frente a la corrupción, frustración con un Estado que no siempre funciona y un deseo compartido de que el país encuentre un rumbo más claro. Las diferencias aparecen cuando se define qué debe priorizarse y qué costos se consideran aceptables en ese camino.

Conciliar estas visiones no significa borrarlas ni forzar consensos artificiales. Significa reconocer que los problemas que enfrenta Costa Rica son complejos y que ninguna respuesta única parece suficiente.

Un país que necesita orden también necesita contrapesos; uno que apuesta por el crecimiento requiere cohesión social; uno que valora su institucionalidad no puede ignorar las demandas de cambio.

Este ejercicio de observación en redes no me ha dado respuestas cerradas ni definitivas. Pero sí me ha permitido mirar el debate con más distancia y menos impulso a la descalificación. Tal vez ese sea un buen punto de partida: entender antes de juzgar y decidir no solo desde la simpatía o el rechazo, sino desde una reflexión más amplia sobre las distintas Costa Rica que hoy se están imaginando, de cara no solo a la próxima elección, sino al rumbo del país en las próximas décadas.

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