El vino frente al clima: menos botellas, más incertidumbre

Durante años, la producción siguió ciclos previsibles. Esa regularidad empieza a desdibujarse.

Por: La Data Cuenta

Publicado:11 de febrero de 2026

El vino siempre dependió del clima. Pero durante décadas esa dependencia fue, hasta cierto punto, previsible. Las estaciones marcaban el ritmo, las cosechas variaban, y el sistema encontraba la forma de ajustarse. Hoy, ese equilibrio empieza a romperse.

Un análisis realizado a partir de datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) muestra que la producción mundial de vino cayó en 2024 a 30 mil millones de botellas, el nivel más bajo registrado en al menos tres décadas. No se trata solo de un mal año: desde el pico alcanzado en 2018, la producción global se redujo cerca de 24%, con las caídas más pronunciadas concentradas en los últimos cinco a siete años.

La señal más clara no es únicamente el descenso, sino la irregularidad. En casi todas las grandes regiones productoras, los últimos años muestran oscilaciones más bruscas, recuperaciones incompletas y caídas más frecuentes. El vino —un cultivo históricamente asociado a la paciencia y a los ciclos largos— empieza a reflejar un entorno climático cada vez más errático.

La caída responde a una sequía prolongada que ya entra en su tercer año consecutivo, agravada por el intenso calor del verano y tormentas de granizo localizadas. En conjunto, estos factores han sometido a los viñedos a un fuerte estrés, reducido los rendimientos y retrasado la maduración de la uva en buena parte del territorio. La escasez de agua y la creciente volatilidad climática también han acelerado la reducción de la superficie cultivada.

Cómo el clima está cambiando la cantidad de vino que se produce

Avance año por año para ver cómo cambia el volumen de producción de vino entre 1995 y 2024. La altura del vino en la copa representa la cantidad producida en cada país y a nivel global. Las oscilaciones muestran subidas y caídas anuales; los descensos recientes concentran los mayores retrocesos. Visualización elaborada a partir de datos de de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).

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Europa: cuando el clima aprieta al corazón del vino

Europa concentra algunos de los territorios vitivinícolas más antiguos del mundo y también algunos de los más expuestos al calentamiento global.

Francia produjo en 2024 4.8 mil millones de botellas, su nivel más bajo en 30 años. Italia, pese a seguir liderando la producción mundial, viene de su peor cosecha histórica en 2023 y solo logró una recuperación parcial al año siguiente. España mantiene un nivel de producción superior al de los años noventa, pero lo hace con fuertes altibajos: grandes subidas seguidas de caídas abruptas, sin una trayectoria estable.

Leídos en conjunto, los datos sugieren un sistema bajo presión. En una publicación de Nature Reviews Earth & Environment, un equipo internacional de investigadores describe cómo el aumento de temperaturas, la intensificación de las sequías y la mayor frecuencia de eventos extremos están alterando las condiciones en las que se cultiva la vid, especialmente en regiones mediterráneas. El estudio no analiza volúmenes globales, pero aporta un marco clave: la variabilidad climática está reduciendo la previsibilidad de las cosechas, justo lo que reflejan las cifras europeas.

Estados Unidos: menos vulnerable, pero no inmune

Durante años, Estados Unidos fue visto como un productor relativamente protegido frente a los sobresaltos climáticos más extremos. Los datos recientes obligan a matizar esa percepción.

Desde su pico en 2018, la producción estadounidense cayó cerca de una cuarta parte en siete años, hasta situarse en 2.8 mil millones de botellas en 2024, según se desprende del análisis de datos de OIV. El descenso fue más gradual que en Europa, pero marca un quiebre claro respecto a décadas anteriores. Incluso cuando hay repuntes, el nivel general se mantiene por debajo de los promedios recientes.

Hemisferio sur: crecer rápido, caer rápido

En el hemisferio sur, el impacto adopta otra forma, pero apunta en la misma dirección.

Australia y Chile expandieron su producción con rapidez durante dos décadas y alcanzaron máximos históricos alrededor de 2021. Desde entonces, ambos países registraron caídas superiores al 30% en apenas tres años. No es un colapso prolongado, pero sí una corrección abrupta que pone en cuestión la idea de crecimiento continuo.

Argentina muestra una trayectoria distinta: una caída más larga y sostenida, con mínimos recientes y una recuperación limitada. Sudáfrica aparece como el caso más estable del grupo, aunque también enfrenta señales de presión en los últimos años.

Un cultivo más expuesto

Estudios más recientes sobre cambio climático y vino, como el elaborado por Zero Carbon Analytics —centrado en el vino espumoso— describe vendimias cada vez más tempranas, rendimientos más bajos y una planificación más incierta. Aunque este informe aborda segmentos específicos del mercado, el trasfondo coincide con lo que muestran los datos de la OIV: producir vino es hoy menos predecible que hace dos décadas.

Este análisis no atribuye cada caída anual a un evento climático concreto. Pero al observar el conjunto —los mínimos históricos recientes, la concentración de descensos en pocos años y la mayor volatilidad en regiones clave— emerge una conclusión clara: el cambio climático ya no es un riesgo futuro para el vino, sino una variable presente que está reordenando la producción global.

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